El nacimiento de mi hijo

Hay pocas cosas en la vida que puedan resultar tan emocionantes como la llegada al mundo de un bebé; no obstante, hay ocasiones en que el camino hasta conseguirlo es largo, duro y lleno de dificultades.

Dicen que un hijo lo cambia todo, que provoca un giro de 180º en la vida de los papis y que a partir de ahora, todo girará en torno a él. De momento, y haciendo caso de un famoso dicho: “cuando seas padre, comerás huevos”, he comprado huevos y me dispongo a comerlos, ya que por fin soy padre (vaya humor inglés me gasto…).

 

Casi 4 años intentando ser padres

Nadie dijo que sería fácil, que donde pusiera el ojo allí iría la bala, pero tampoco nadie nos contó que todo esto sería tan complicado: probamos 1355 posturas sexuales y momentos del día diferentes, procurábamos mantener mi carga genética el máximo tiempo posible en el organismo de mi chica elevando sus piernas, su pelvis e incluso levitando después del coito, cambiamos la alimentación, ejercicio diario ya hacíamos por nuestros respectivos trabajos e incluso tomamos algo (que será todo lo superalimento que quieras…) que estaba asqueroso: Maca Andina; todo ello para conseguir una mayor calidad en nuestros respectivos bichitos.

La endometriosis de Gema

A la par que lo estábamos intentando, y debido a que mi chica dejó de tomar sus pastillas anticonceptivas, hubo un monstruo salvaje, siempre latente pero semicontrolado en su interior, que apareció con más fuerza que nunca: la endometriosis, debido al cese del tratamiento hormonal/anticonceptivo que siempre había tomado. Hasta tal punto llegó su dolor provocado por esta enfermedad, que tuvo que pasar por quirófano. Para aquel o aquella que no conozca a este monstruo interior, le recomiendo un par de artículos que escribió mi chica en su blog personal: la endometriosis.

Hay que decir además, que hay diferentes tipos o grados de endometriosis, y Gemita, fanática de ser “la más” en todo, tiene el grado más alto: Grado IV. ¿Esto qué quería decir? Pues que básicamente, y debido a la suciedad, adherencias e incluso quistes que se creaban durante su menstruación, hacian prácticamente imposible la concepción.

Laparoscopia

La intervención quirúrgica por la que pasó Gema, tenía un doble propósito. Primero, aliviar su dolor cada vez más insoportable y segundo y no menos importante, limpiar toda la zona de su aparato reproductivo de quistes, pólipos y suciedad varia que actuaba como un gran obstáculo a la hora de intentar tener un niño. La operación fue genial, la Doctora encantadora y finísima en su trabajo (apenas se veían las cicatrices de la intervención), pero aún así, y debido a las adherencias que Gema tenía, el ovario derecho quedó fuertemente tocado.

El alivio en sus dolores fue casi inmediato, y tras un breve periodo postoperatorio, teníamos un claro objetivo: volver a intentarlo de forma natural. Y así lo hicimos, durante 1 mes, 2, 3…hasta 6 meses, y nada, imposible. Estábamos en un punto crítico, puesto que si seguíamos intentándolo, y  Gema seguía sin tomar sus pastillas anticonceptivas, la endometriosis seguiría haciendo de las suyas y volveríamos a un punto inicial: dolor y esterilidad.

Llegados a este punto teníamos 3 opciones:

  1. Desistir.
  2. Intentar un tratamiento de fecundación in vitro por la Seguridad Social (con un tiempo de espera de unos 3 años).
  3. Algo que para nosotros era totalmente imposible y resultaba económicamente prohibitivo: un tratamiento por lo privado.

En todo este tiempo, habíamos mantenido en lo más oculto de la sombra nuestro “pequeño” secretito de ser padres, sobretodo en el ámbito familiar. Sabíamos de la ilusión de nuestros padres de llegar a ser abuelos algún día, de gente allegada que preguntaba sin maldad eso de: “¿Y vosotros para cuándo?” Y se hizo duro mantener en muchas ocasiones cierta cara de póker, pero por salud mental de todos, decidimos guardar el secreto.

Cuando el secreto deja de serlo

Después de la laparoscopia, Gema y yo decidimos que ya era hora de explicar a nuestros familiares en qué punto nos encontrábamos y qué queríamos hacer, sobretodo porque las visitas al ginecólogo podrían ser más constantes y ante la posibilidad de generar dudas, desconfianza, incredulidad y que acabaran sabiéndolo por terceras personas, acabamos accediendo a contarlo. Así pues, decidimos intentarlo por la Seguridad Social e iniciamos los trámites para entrar en la larga y desesperante lista de espera para FIV.

Un halo de esperanza

Pero ya sea por querer ayudar a cumplir nuestro sueño, por la ilusión que ese sueño también le generó a ellos o por ambas cosas, mis padres, a los pocos días de la noticia, decidieron echarnos una mano las dos manos. Tras algún que otro rechazo por nuestra parte, intentar convencerles que ya habíamos iniciado los trámites para hacerlo por la S.S., y sabiendo que 2 años (mínimo) sin tomar pastillas anticonceptivas, podían provocar la esterilidad total en Gema…nos embarcamos en una nueva y cara aventura: FIV-ICSI por clínica privada.

Tratamiento FIV

Gema ya había tenido que superar sus miedos al enfrentarse a una intervención quirúrjica, y no le había ido del todo mal. Ahora con el tratamiento de fertilidad, tocaba inyectarse a diario diversas sustancias (hormonas en mayor parte), para que su ovulación fuese mucho más fructífera. Las agujas y ella no se llevaban bien, pero por suerte y a modo de consolación, se las pude poner yo.

Cada “x” días, su estimada Doctora (la misma que le realizó la laparoscopia), le hacía una revisión para ver la evolución de sus folículos y potenciales óvulos, y como somos una pareja hardcore y nos va lo complicado, pudimos comprobar que la estimulación no estaba dando todos los frutos que se podía esperar, sobretodo por el maltrecho ovario derecho, así que la Doctora decidió aumentar la dosis hormonal y a nosotros nos quedó aferrarnos a que el ovario izquierdo reaccionara.

Se acercaba el día de la punción folicular, donde supuestamente debían extraer el máximo de óvulos tras días de sobreestimulación hormonal, pero la última revisión nos dejó con dudas a nosotros y sobretodo a la Doctora, que aún así fue muy positiva, señalándonos que 3 o 4 folículos tenían muy buena pinta en tamaño y forma.

Punción folicular

Como se puede observar, nuestro proceso es como una pista de obstáculos llevada al extremo. El día de la punción folicular, surgirían nuevas dificultades de las que días atrás ya sospechábamos: Gema tenía una bajísima reserva ovárica. La pobre pasó por el amargo trago de pinchazos diarios, con todo lo que ya llevaba tras de sí, pero supongo que uno siempre piensa: “no lo estoy pasando demasiado bien, pero seguro que merece la pena” y cuando parece que las probabilidades no pueden ser más bajas…¡Pum! Tras la punción sólo pudieron sacar dos óvulos fecundables; ya no nos quedaban demasiados dedos en el cuerpo para cruzar, la suerte parecía darnos la espalda…pero seguíamos avanzando.

Con sólo 2 óvulos, no podríamos realizar una congelación o “vitrificación” ovular y volver a intentar otra fecundación más adelante si esta primera no saliese bien. Por lo tanto, ésta iba a ser nuestra última oportunidad.

Mi pequeña gran aportación

Pues nada, en todo este lío, a parte de ayudar moralmente a mi chica y ser su enfermero particular, poco más podía hacer. Por suerte, en lo que a mis “bichitos” se refiere, todo estaba correcto. Ya es de agradecer que de todo lo que puede salir mal o regular, haya algo que salga bien.

El día de la punción folicular, me tocó hacer mi trabajo, algo que cualquier persona lleva haciendo toda la vida en peores o mejores condiciones y nunca o casi nunca debiera tener problemas. Pues he de decir que me costó bastante, yo solo ante ese botecito, sentí la presión del momento, saber que me estaban esperando y que mis bichitos eran necesarios para intentar finalizar con éxito el proceso de fecundación. Después de media hora “sacudiendo sardineta”, hubo final feliz y mi botecito pudo ser entregado a las biólogas.

Y hasta aquí mi aportación en todo el tratamiento FIV-ICSI.

Llega la fecundación

Otro nuevo examen se presentaba ante nosotros. Los dos óvulos iban a ser fecundados en laboratorio por 2 de mis espermatozoides. Y así fue, la fecundación se produjo y aunque pudiera parecer que ya estaba todo hecho, había que ver si esas dos cargas genéticas tenían ganas de formar un embrión, intercambiar algo de amor y dar inicio a la división celular previa. Tras la fecundación, el trabajo que de forma natural debería hacer un útero materno, lo iba a hacer una especie de incubadora de embriones, también llamada: embryoscope. Tuvimos que esperar unos días, siendo puntualmente informados por el equipo de biólogas. La evolución fue tal que así:

  • Día 0: Todo normal, ambas cargas parecen tener la actividad normal.
  • Día 1: Todo correcto, aunque uno parece decidido a avanzar más rápido en la división celular característica.
  • Día 2: Indiscutiblemente, uno de los dos futuros embriones se está quedando atrás y no ha realizado la división necesaria.
  • Día 3: Se descarta casi por completo el embrión que ya en el día 2 se había quedado atrás y se confirma bloqueo en su evolución. Aún así, las biólogas nos señalan que ha llegado el momento de la transferencia embrionaria, ya que el otro bichito va por muy buen camino, tiene buena morfología y va lanzado en el bonito proceso de la vida.
  • Día 4: Confirman calidad embrionaria: estamos ante un blastocisto A+. Se inicia la transfer.

Transferencia embrionaria

Otro día importante/crítico había llegado, y van… Acudimos a la clínica, siendo plenamente conscientes que aunque ese embrión parecía salir adelante, la meta estaba muy lejos.

Gema se intentó relajar, y si como de una ecografia vaginal se tratase, la Doctora introdujo nuestra única esperanza, ese último embrión hasta lo más profundo de su útero. Ya no se podía hacer nada más, sólo cabía esperar a que ese embrión se implantara correctamente, algo complicado por su endometriosis y por ese hidrosalpinx en una de sus trompas con líquido supuestamente tóxico para el embrión. Todo ello hacía que su útero no tuviese un entorno excesivamente favorable.

Esta es la imagen resultante:

La Beta-espera

Seguramente no haya nada más desesperante que la espera para saber si se ha producido el embarazo, si ese embrioncito ha implantado en el útero y tiene todo lo necesario para seguir su evolución, sobretodo si se trata de un embarazo tan deseado.

Con la ansiedad creciente por momentos, nos compramos en Amazon unos cuantos test de embarazo, supuestamente todos detectaban si el embarazo se había producido mucho antes que otros tests. Y tras quedarnos en duda con los tests más baratos, pero siendo optimistas porque se parecía ver la famosa rayita, nos dispusimos a emplear el famoso “ClearBlue”, y tras unos minutos de incertidumbre… el display era claro: Embarazada de 1-2 Semanas.

Y hasta aquí lo que para muchos es un ratito de amor, un “quiqui” de verano, una noche de fiesta con final feliz. En este caso, 4 años y pico y mucha incertidumbre, pero puede que hubiera merecido la pena…y digo puede, porque durante un embarazo, sobretodo si se trata de una primeriza, hay posibilidades que algo no salga bien.

La gestación

Siguiendo el estilo hardcore que caracteriza a Gema, durante el primer trimestre dejó de ser persona, todos los síntomas que una mujer embarazada podía tener, los sufría: mareos, nauseas, vómitos e incluso en vez de ganar algo de peso, perdió. Era un auténtico trozo de carne estirado en el sofá de casa, impotente y psicológicamente tocada. Su enfermera de clínica privada, que en todo momento fue una delicia y una profesional, le daba ánimos diciéndole que tanto síntoma sólo podía significar que “estaba muy embarazada”.

Entonces llegó el segundo trimestre, periodo de embarazo que más disfrutó Gema sin lugar a dudas. Sus síntomas desaparecieron de forma contundente y puntual. A ambos nos apetecía dar relajantes paseos matutinos por la orilla de la playa de Calafell, y es lo que intentábamos hacer día tras día, no sólo por placer, también porque con su cada vez más grande barriga, su circulación, ya de por si algo maltrecha en piernas, se vio empeorada.

El tercer trimestre tampoco fue el más cómodo, pero algo más llevadero que el primero. La circulación en piernas iba cada vez peor, pero por otro lado ya faltaba cada vez menos, como el tamaño de su barriga se empeñaba en demostrar. El vínculo de una madre con su hijo es indiscutible desde el inicio del embarazo, pero es en la parte final cuando se hace más obvio y resulta más emotivo para ella: pataditas, contracciones que él mismo provoca, hipo…ambos juegan, ambos sienten y ambos se van preparando para ser aquello a lo que están destinados a ser.

El parto

Que no, que aquí no es cuando Gema va a tener algo de suerte y va a poder disfrutar de cierta normalidad no… 5 días de contracciones! pero no contracciones suavecitas, de entrenamiento para ella y el bebé; el dolor, según comprobó después, era igual a cuando estaba dilatando en todo su esplendor. Hasta 3 veces tuvimos que aparecer por el hospital pensando que el parto era inminente: la primera vez con contracciones cada 5 minutos (durante unas 2-3 horas) y bastante largas. La segunda vez que fuimos (dos días después), las contracciones eran ya cada 3-4 minutos, muy regulares y también bastante largas, pero nada, el cuello del útero no se había borrado del todo y se mantenía la dilatación de la primera vez, unos 2 cm.

La tercera vez fue la buena, con contracciones cada 2-3 minutos. La matrona que nos atendió nos dijo que el momento había llegado, haciendo que Gema se emocionase tras 5 días de auténtico sufrimiento. Yo también respiré aliviado, sobretodo por ella.

Primeriza y demostrándolo

La duración del trabajo del parto y parto, fue de 14 horas. Veamos como fue la cosa:

Como casi siempre pasaba, a la llegada al hospital, las contracciones volvían a ser irregulares, y aún viendo que el cuello del útero ya estaba borrado completamente y tener 3-4 cm de dilatación, llevaba 2 o 3 horas que no avanzaba nada, por lo que el Dr. decidió suministrarle oxitocina. A todo esto, ya hacía un ratito que le habían puesto la “walking” epidural (variante menos incapacitante de la anestesia), y es que el hospital del Vendrell, además de ser reconocido por ser un defensor a ultranza de favorecer al máximo el parto natural, eran partidarios que las embarazadas fueran las verdaderas protagonistas de todo el parto, y no simples trozos de carne a la espera del ansiado alumbramiento. Ayudaban que las futuras mamis se movieran continuamente, pasearan, utilizaran la pelota terapéutica, una banda de tela anclada al techo que les hacía acomodarse y recostarse en una posición más erguida y natural, entre otras cosas…

Tras haber suministrado cada cierto tiempo dosis más altas de oxitocina, llegó un momento en el que Gema no descansaba entre contracción y contracción y le tuvieron que parar el suministro. Lo últimos tactos del Doctor ya comenzaban a ser definitivos, porque a parte de comprobar que el bebé no acababa de bajar por el conducto y que la dilatación no superaba los 8 cm, el monitor que, valga la redundancia, monitorizaba tanto a la madre como al bebé, reveló cierto sufrimiento fetal cuando se producían las contracciones.

La decisión final acabó por llegar. Para evitar daños al bebé se optó por cesárea. Fue media hora de tensa espera, sufriendo por ella y por el chiquitín, pero por fin llegó a mis brazos, ya que tras la cesárea y mientras “remendaban” a Gema, yo iba a ser el encargado de realizar piel con piel.

Reflexión final

Aunque con el parto, ya respiramos algo más aliviados, ahora empieza otra creciente preocupación: ser buenos padres y criar de la mejor forma a nuestro hijo. Al final la vida es esto, una serie de responsabilidades, que unas veces quieres e incluso deseas y otras “te tocan”. Estoy acabando este artículo y mis ojos buscan constantemente desviarse para observar cada gesto, mueca y llanto de Oliver, que ya tiene 3 semanitas. A la madre, una auténtica campeona y también protagonista de todo el proceso, le quedan unas duras semanas por delante de postparto, lactancia e insomnio. Es mi familia y estoy muy orgulloso de ella. Ahora que se acercan mis vacaciones podré ayudar mucho más en casa y disfrutar de ellos.

Agradecimientos

Por último dar las gracias a partes fundamentales de este camino hacia Oliver:

  • A la familia, que siempre nos ha apoyado y ayudado en todo. Han sido la gasolina que ha hecho posible nuestro trayecto.
  • A Embryogin (clínica privada que recomendamos), protagonistas directos y fundamentales de este pequeño milagro. Muy agradadecidos a la Dra. Daniela Provenzano (saludos y bendiciones a su bebé, que nació también hace relativamente poco) y a su encantadora enfermera María. Siempre cercanos, siempre profesionales y siempre inoculándonos dosis espectaculares de positivismo.
  • Al hospital del Vendrell y su equipo médico: a sus doctores, matronas, enfermeras y celadores. Excelente el trato y todos los medios que pusieron a nuestro alcance.
  • A nuestros amigos y compañeros de trabajo (incluso a jefes), tanto de Gema como míos, que nos han expresado un cariño constante con muestras de afecto y regalos para el pequeñín.

A todos gracias. Pero el agradecimiento más grande va para mi Gemita, que ha superado mil miedos, se ha enfrentado a mil dificultades pero aún así ha sido capaz de finalizar este largo camino con un éxito rotundo. No sólo amo gracias a ti, vivo y me emociono por ti, disfruto del día a día sabiendo que voy a poder verte…además, has traído a Oliver a este mundo; soy padre gracias a ti, TE QUIERO.

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